Un año sin escribir. Un año entero acumulando ideas, notas, frases sueltas… y borrándolas antes de publicarlas. Así ha sido mi travesía personal durante los últimos meses: postergar, aplazar, decir “mañana” y volver a repetir “mañana” durante demasiado tiempo. 

Hoy, 30 de enero de 2026, vuelvo a escribir. 

Me jubilé el 1 de abril de 2025. Sobre el papel era una etapa deseada: tiempo libre, proyectos personales, familia, descanso. Pero la realidad fue distinta. Pasé de una vida profesional intensa a enfrentarme a 24 horas diarias que, paradójicamente, no sabía organizar.  

No era falta de planes. Tenía ejercicio, asociaciones, familia, formación, vida espiritual… y aun así sentía que mi barca iba a la deriva. 

La jubilación no es sólo un cambio laboral. Es un cambio de identidad, de ritmo y de estructura mental. Y eso, aunque nadie lo diga en voz alta, puede convertirse en un desierto interior. 

Cuando los que acompañan también se pierden 

Existe la falsa idea de que quienes acompañamos a otros – coaches, terapeutas, sanitarios, profesores – vivimos blindados frente a los problemas. No es cierto.

También cargamos mochilas mal organizadas: preocupaciones familiares, cansancio, dudas económicas, sensación de no llegar a todo. 

En mi caso se unieron varios factores: el cierre de una etapa profesional exigente, la responsabilidad de gestionar asuntos familiares complejos, la salud de mi padre nonagenario, viajes, ayuda a hijos y nietos, y la adaptación a una economía distinta tras la jubilación. 

Nada extraordinario. Vida real. Pero suficiente para generar ruido mental,
desorden y bloqueo. 

Lo reconozco con honestidad: no era falta de capacidad, era falta de dirección. 

El verdadero problema no era escribir 

Lo peor de dejar de escribir no fue quedarme sin ideas. Al contrario: tengo
decenas de temas anotados. Lo difícil era volver a empezar. Sentarme ante la
pantalla en blanco y decir: aquí estoy otra vez. 

Porque cuando dejas de hacer algo que forma parte de tu identidad, aparece una
voz silenciosa que susurra: “ya no sirves”, “has perdido el ritmo”, “es tarde”. 

Esa voz agota más que cualquier trabajo físico. Vacía por dentro. 

Ahí entendí algo importante: el bloqueo no era técnico, era emocional. Y el
antídoto no era inspiración, sino acción. 

El clic que lo cambia todo 

El detonante fue inesperado. Viendo unas semifinales de tenis del Open de
Australia observé a cuatro deportistas al límite: calambres, agotamiento, dolor… y
aun así persistiendo. Dos ganarían, dos perderían. Pero todos estaban dando lo
máximo. 

Y pensé: ¿qué hago yo tumbado? 

Ese momento fue el clic. No por el tenis en sí, sino por lo que simbolizaba:
constancia, disciplina, propósito. Nadie puede pulsar ese interruptor por ti. Pero
cuando se activa, todo se reordena. 

Comprendí que mi vida no era un desastre. Simplemente necesitaba recuperar el
timón. 

La jubilación con PROPÓSITO VITAL o reinventarse tras la jubilación

La jubilación no consiste en llenar el tiempo con actividades, sino en
recuperar el sentido del “para qué”.

Ordenar prioridades. Cuidar cuerpo, mente, espíritu y relaciones. Aceptar límites
sin renunciar a la misión personal. A esto le llamo JUBILACIÓN CON
PROPÓSITO VITAL.

Durante estos meses he aprendido que: 
 organizar el día no es controlarlo todo, sino elegir lo esencial. 
 pedir ayuda es un acto de inteligencia, no de debilidad. 
 la economía familiar también forma parte del equilibrio vital. 
 el propósito no desaparece con la edad. 

Tengo 67 años. El cuerpo acusa el paso del tiempo. La mente, gracias a Dios,
sigue inquieta. Y mientras haya inquietud, hay camino. 

¿Por qué vuelvo a escribir? 

Este artículo es un punto de partida. Sin él no se entenderían los que vendrán. Es
el primer paso de alguien que decide levantarse del sofá y volver a caminar. 

Escribo para ordenar mis ideas, sí. Pero sobre todo escribo para acompañar.

Porque sé lo que es atravesar el desierto: la desorientación, la pereza, el miedo
económico, la sensación de inutilidad, el cansancio acumulado. 

Y sé que se sale. 

No con heroísmo épico, sino con pasos pequeños y constantes. 

Si estás en tu propio desierto 

Tal vez estés leyendo esto sintiendo que tu vida se ha convertido en una tierra
seca: crisis personal, laboral, matrimonial, jubilación mal digerida, agotamiento
emocional. Si es así, no estás roto. Estás en tránsito. 

Acompañar a otros no significa dar recetas mágicas. Significa caminar al lado con
experiencia, escucha y método. 

Yo sigo caminando. Y precisamente por eso puedo acompañarte. 

He vuelto a escribir. He vuelto a mi sitio. Y, Dios mediante, aquí seguiré. 

Con un objetivo claro: ayudarte a encontrar dirección cuando todo parece
disperso. 

Si sientes que necesitas acompañamiento, puedes ponerte en contacto conmigo.

NO TIENE QUE ATRAVESAR EL DESIERTO SOLO

 

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